Fedrigoni

Más que una etiqueta

El adhesivo, el papel, las condiciones atmosféricas, la humedad, el uso final y los procesos de producción e impresión; todos estos factores deben tenerse en cuenta a la hora de elegir una etiqueta.

Por Henry Miles

Arconvert, como parte del Grupo Fedrigoni, es líder mundial en la producción de películas y papeles sensibles a la presión para la industria del etiquetado, y su marca.

Manter provee a exigentes mercados, como el sector de la alimentación, el vino y las bebidas espiritosas, los cosméticos y los artículos del lujo. Arconvert ofrece una amplia gama de papeles gofrados no estucados, marcados al fieltro, verjurados, de tacto suave, nacarados y metalizados, además de una impresionante serie de papeles tintados en masa. Los fantásticos papeles de Manter son adecuados para la mayoría de las técnicas de impresión.

Según Susana Fajardo, responsable del desarrollo comercial de Arconvert en el Reino Unido, “el paso de la cola fría a las etiquetas sensibles a la presión que se aplican con facilidad a los productos mediante una leve presión ha supuesto un gran cambio en el mercado del etiquetado europeo en los últimos años. Estos materiales autoadhesivos son papeles o soportes sintéticos que ya tienen adhesivo antes de ser impresos y convertidos en etiquetas”.

El material sensible a la presión consta de cuatro o cinco capas: el revestimiento de película o papel que lleva el material de la cara con recubrimiento adhesivo; la capa de silicona que evita que el adhesivo se pegue con demasiada fuerza al revestimiento; el adhesivo, que varía en función del uso final de la etiqueta; el material frontal (papel, película, corcho, etc.) y, por último, el recubrimiento superior que amplía las posibilidades de impresión.


En ocasiones, se aplica una capa de protección tras el frontal para evitar la absorción de agua. Arconvert ofrece revestimientos de papel y sintéticos, además de adhesivos acrílicos de dispersión y termofusibles. Los revestimientos sintéticos se utilizan cuando se requiere una mayor resistencia para un etiquetado a alta velocidad, como en el embotellado de cervezas, o para procesos de impresión exigentes. Hoy en día, se prefieren los adhesivos acrílicos sensibles a la presión basados en agua, ya que ofrecen un buen comportamiento en máquina, sobre todo durante el troquelado. También se comportan bien cuando la etiqueta se expone a entornos húmedos, como cuando se forma condensación en la botella de vidrio, ya que las moléculas del adhesivo se enlazan con las de agua de la botella, mejorando la adhesión. El adhesivo termofusible se utiliza cuando se requiere un adhesivo permanente agresivo con la adhesión más rápida posible.

El laboratorio de I+D de Arconvert acaba de lanzar su tecnología X-DryTM, que, según Fajardo, es una “revolucionaria solución impermeable para etiquetas que resistente a los ambientes fríos, húmedos y acuosos de las neveras y cubiteras.” En combinación con SH9020TM, el nuevo adhesivo acrílico permanente de Arconvert que evita burbujas, arrugas y deformaciones, las etiquetas de vino X-Dry permanecen impecables aunque se sumerjan en agua y hielo durante cuatro horas o más.

Mike Fairley, el gurú de las etiquetas y cofundador de la revista Labels and Labeling, destaca la creciente importancia de las etiquetas a la hora de garantizar la autenticidad del vino y las bebidas espiritosas.

Explica lo siguiente:

“Si serequiere un elemento antifalsificaciones, intenta incorporarlo desde el inicio. Es posible usar soportes, tintas y tecnología de impresión para construir capas con medidas de seguridad difíciles de replicar.”

En cuanto a los desarrollos actuales, Fairley afirma que “las nuevas generaciones de imprentas híbridas digitales y convencionales, con sofisticadas funciones de embellecimiento, están abriendo un mundo nuevo de posibilidades”. La gama IDP de Manter está certificada para la impresión digital con tecnología Indigo gracias a un tratamiento de recubrimiento especial desarrollado en colaboración con Hewlett-Packard (estos productos forman parte de una gama más extensa de productos adecuados para la impresión digital y de chorro de tinta).

Arconvert ofrece soporte técnico preventa y posventa a impresores y diseñadores para garantizar que el material es adecuado al uso final o si se usan tintas o efectos de impresión especiales.

Con el 90 por ciento de su gama procedente de las papeleras de Fedrigoni, Arconvert puede ofrecer a los clientes consistencia en la calidad y la logística, ya que pueden usarse los mismos materiales en etiquetas de cola fría, etiquetas autoadhesivas y packaging, todos ellos procedentes de las mismas remesas y lotes de teñido para crear un producto totalmente coordinado. Fajardo destaca que los diseñadores y clientes cada vez se preocupan más por opciones respetuosas con el medio ambiente. Manter ofrece la variedad más amplia de papeles de alta gama sensibles a la presión con certificación FSCTM de la industria, además de papeles producidos a partir de fibras sostenibles.

No te adaptes

Con una competencia feroz entre productos, ¿cómo consigue el estudio de diseño Stranger & Stranger que destaque una etiqueta de solamente 10 cm en una botella de vino o licor?

Por Sarah Snaith

El estudio de diseño Stranger & Stranger (con oficinas en Londres, Nueva York y San Francisco) es un pionero en el diseño de packaging y etiquetas para bebidas alcohólicas de todo el mundo. Entre su lista de clientes encontramos grandes productores, como Martini, el tequila José Cuervo, el whisky Jack Daniel’s o el ron Kraken Black Spiced, además de otros menos conocidos, como el vodka Eristoff, el whisky Spicebox Canadian Spiced o los vinos Prayers of Saints and Sinners, que tienen una etiqueta que brilla en la oscuridad.

La filosofía del estudio – No te adaptes. Destaca– queda patente en soluciones gráficas con gofrados, laminados y troquelados. Su trabajo para clientes como el productor de whisky escocés Dewar muestra que puede destacarse de diferentes formas para distintos clientes. La investigación para la renovación mundial de Dewar en 2013 usó su archivo en Escocia, y las nuevas cajas de presentación, las etiquetas, las formas de las botellas y la tipografía a medida hacen referencia a la historia de la empresa. Stranger & Stranger es plenamente consciente  del consumidor objetivo del producto y de la potencial longevidad que una botella como el Ne Plus Ultra de 30 años de Dewar (impresa en Manter Savile Row Tweed Dark Grey) puede tener en los hogares.

El fundador de Stranger & Stranger, Kevin Shaw, y el director gerente del grupo, Ivan Bell, explican: “Para crear un buen envase para una bebida alcohólica, tienes que conocer en detalle al consumidor, tienes que saber cómo es su mundo y qué lo mueve, tienes que saber cuándo compra, cómo compra y lo que compra ahora mismo. Y luego hay que encontrar la fórmula mágica que hará que destaque entre las demás botellas del lineal y que la competencia parezca inferior”.

La experiencia táctil también es de importancia vital. Unas fascinantes ondas y remolinos dominan la delicada botella de vidrio del coñac Maison Ferrand Sélection des Anges, con angelicales querubines que aumentan su atractivo. La estética del premiado diseño de Compass Box No Name es más terrenal, con volutas de humo en relieve que surgen de un templo que aparece en la fantástica caja negra y la etiqueta, en alusión a la alquimia y la mezcla mágica de ingredientes. “El tacto es evidente en nuestra asociación con Compass Box”, cuentan Shaw y Bell. “Hemos construido un amplio repertorio de narrativas para la marca a lo largo de la última década con sus lanzamientos emblemáticos.

El elemento central de este envase es el papel elegido, ya que permite gofrados y relieves muy marcados, con una aplicación perfecta de tinta y laminados. La selección y especificaciones del papel de la etiqueta es de importancia vital para nosotros en todos los proyectos que llevamos a cabo para nuestros clientes a fin de complementar nuestra narrativa de marca.”


Stranger & Stranger se esmera en encontrar soluciones que hablen de las características únicas de una marca y su gama de productos. Para los whiskys de Redwood Empire, esto significó retratar al filósofo y naturalista John Muir (un gran defensor de las secuoyas [redwoods] de California) de diversas formas mediante ilustraciones xilográficas monocromáticas. En cambio, en el aperitivo Italicus Rosolio di Bergamotto, el peso recae en el diseño de la botella, que se remonta a las innovaciones en el sector del vidrio de mediados de la década de 1920, que dieron lugar a la invención de la producción automatizada de botellas. Estas botellas suelen tener una segunda vida: “Tenemos grandes éxitos”, cuentan Shaw y Bell, “pero solo consideramos que una marca es un éxito cuando la gente empieza a transformar las botellas en lámparas o se las tatúa. Mucha gente se ha tatuado el kraken, además de que se ha creado una gama completa de productos, incluyendo una cortina de ducha o una lámpara”.

Además de los trabajos encargados al estudio, crean productos de edición limitada como regalos a los clientes (como los bíters Bitter & Twisted) para celebrar la Navidad cada año. Shaw y Bell sostienen que, en el caso del alcohol, los consumidores casi nunca pueden probarlo antes de adquirirlo y las botellas pueden estar compitiendo con otro millar de botellas. Cada bodega “promete el mismo complemento afrutado perfecto para sus platos de carne” y los consumidores “juzgan el contenido basándose únicamente en un trozo de papel de 10 cm. Imagina si todos los libros y revistas de la librería tuvieran la misma sinopsis en la contraportada y no pudieras mirar en su interior”.

Personas y papel

“El vino está arraigado a la tierra y a lo local. Intentamos despojar el diseño de etiquetas lo máximo posible.”
Para Fernando Gutiérrez, el diseño va de relaciones, diálogo y dejar que las cosas hablen por sí mismas.

Por John L. Walters. Retrato de Robert Billington

Fernando Gutiérrez es un “diseñador de diseñadores”, cuyo reflexivo trabajo para clientes del mundo de las revistas, museos, artículos de lujo y marcas de vino ha sido sutilmente influyente. Nacido en Londres de padres españoles, Gutiérrez estudió en el Reino Unido, donde empezó a trabajar, pero se hizo conocido tras mudarse a Barcelona a principios de la década de 1990. Fundó el estudio de diseño Grafica con su colega Pablo Martín y diseñó Tentaciones, un suplemento del fin de semana del periódico El País.


Fue cofundador de Matador en 1995, una destacada revista independiente anual que cosechó premios en todo el mundo y le llevó a otros proyectos prestigiosos. En 2000, Gutiérrez se incorporó a la oficina londinense de Pentagram como socio y la dejó en 2006 para crear su propio estudio en el norte de Londres. Entre sus clientes más destacados están el Museo del Prado de Madrid y el Design Museum de Londres, pero la forma en la que aúna entusiasmo y meticulosidad queda patente en otros muchos proyectos, tanto grandes como pequeños. Últimamente ha realizado el logotipo para el Fedrigoni Top Award, catálogos de arte y fotografía para galerías públicas y privadas de todo el mundo, gráfica para exposiciones, un frasco de perfume para Givenchy, trabajos para el mítico restaurante El Bulli y ha diseñado catálogos y la gráfica de exposiciciones para el Museo de Bellas Artes de Bilbao, el Centro Botín de Santander y el Club Matador, un club privado de Madrid en el que pervive el espíritu de la revista Matador.

En el norte de Londres, en un día lluvioso del pasado verano, Gutiérrez habló de su interés por el diseño de etiquetas de vino, una pasión de hace mucho tiempo y a la que considera una forma de diseño editorial. Entre sus clientes de la industria de las bebidas están la ginebra The Botanist, la bodega Poças, Alta Alella, Valdesil, MonteRosola y Domaine La Casenove, además de su viejo amigo y cliente el bodeguero español Telmo Rodríguez.

John L. Walters: Su primera etiqueta para Telmo Rodríguez fue muy diferente, muy tipográfica.
Fernando Gutiérrez: Sí, porque no sabía nada del negocio vinícola. Quería hacer algo potente y que destacara.

Supongo que sabía que era un buen vino.
Ni siquiera sabía si era bueno o no. Confiaba en Telmo. Era un gran apasionado del vino y de la cultura del vino ibérico que quería hacer algo diferente. Su familia tenía un pago precioso en La Rioja. Telmo tomó la valiente decisión de abandonar el negocio familiar y comenzar un nuevo proyecto vinícola por su cuenta. Quería elaborar vinos en diferentes puntos de la península ibérica, redescubriendo variedades de uva y tradiciones agrícolas que se habían perdido. Compró un terreno con viñas en Toro en el que tuvo que trabajar duro. Algo sin ningún tipo de glamur.
Me limité a reflejar mi idea del aspecto que debería tener el vino. Puse letras de Letraset directamente sobre la botella a modo de boceto y la envié por correo para que lo viera. ¡Una botella de verdad! Ahora todo es digital. Prácticamente todo se aprueba en la pantalla. Para Telmo, ese paquete hizo que se convirtiera en realidad.

Me intriga la simplicidad de sus etiquetas; a menudo es una letra, una forma gráfica…
Intentamos despojarlo lo máximo posible porque lo importante es el vino, no tanto el diseño. Solo trato de complementar el proyecto, porque los compradores de vino conocen a Telmo. El diseño ayuda, pero en realidad lo esencial es él explicando el proyecto, lo que hace y cómo lo hace.

¿Cómo le explica Telmo lo que quiere?
Es una conversación muy abierta, me cuenta sus expectativas y sus ideas para cada viñedo, además de hablarme de la historia local.

Da la sensación de que es alguien con gusto moderno.
Tienes razón. Piensa en términos internacionales, pero quiere comunicar una historia vinícola única sobre España y la península ibérica. El vino está arraigado a la tierra y a lo local. Toda la península ibérica, incluyendo Portugal, ha experimentado un resurgimiento enológico. Telmo siguió adquiriendo viñedos que estaban hechos una pena, en zonas que no eran famosas por sus vinos, pero que tenían potencial. Fue un pionero con muchos de sus vinos.


Recurrir a Alan Kitching para la etiqueta de Matallana fue toda una sorpresa: un diseño muy inglés impreso con tipos de madera.
Trabajé con Alan en el desarrollo de una imagen para Matallana, pero las etiquetas están en continua evolución, como la música. La música siempre ha sido un punto de referencia, ¿pero cómo mantienes la vigencia de tu música en un mercado competitivo, a la vez que transmites algo único? Queremos que Matallana se convierta en un ribera clásico, así que para nosotros es un proyecto en desarrollo.
Me gusta colaborar con gente que no tiene nada que ver con el vino. Ahora sé más cosas sobre el vino, pero cuando empecé no sabía nada. Creo que eso aporta una cierta frescura y una perspectiva diferente.

Hábleme un poco de los otros colaboradores.
He trabajado con los ilustradores Andrew Davidson [Duratón], Chris Wormell [Monte Rosola] y Sean Mackaoui, un escocés que vive en Madrid y hace unos collages increíbles. Sean me ayudó con el Lanzaga original.Lo que quería hacer con el Valdesil (Valdeorras) era algo emotivo y abstracto. Esta tierra es todo granito y pizarra. Es una zona vinícola única que se remonta a la época romana, situada frente al Atlántico. Es bastante duro cultivar esa tierra porque está formada por escarpadas laderas que bajan hasta el río Sil. Allí crece una uva llamada godello, que está causando gran revuelo el mundo del vino.

¿Las líneas representan la pizarra?
Sí, es esa sensación de bordes duros. Lo dibujé porque no había presupuesto y tuve que adaptarme a esta limitación.

Me gustó la escritura a mano en las etiquetas del Valdeorra Carballo y el Montenovo de Valdesil.
Tiene un aspecto duro, moderno y nítido, y el lápiz consigue un buen contraste, un acabado manual. Son una familia de abogados muy conocida de Madrid. Estas tierras eran de sus antepasados. Estaban muy emocionados por recuperarlas.

¿A qué retos deben hacer frente las bodegas?
A las ventas. Dependen de terceros para vender su producto, además de competir contra grandes empresas internacionales y es muy duro. Es muy, muy complicado destacar y ser auténtico. No pueden pecar de inocencia.

Matador y diseño editorial

Matador ha marcado un hito en su carrera, ¿verdad?
Matador fue algo grande para mí, fue donde pude poner en práctica todas mis ideas editoriales, como un libro, una revista, arte, cultura… Surgió de mi trabajo con El País. Cuando yo era el director de arte de Tentaciones, Alberto Anaut, subdirector de El País, dejó el periódico, y uno de los proyectos que tenía en mente era una revista de arte.
Pensamos que Matador era un buen nombre; español, pero internacional. Tuvo una gran idea: crear un periódico cultural pero con tiempo, que saliera una vez al año. Teníamos un formato grande, A3. Todo se centraba en una impresión fantástica.

Su implicación en el mundo del vino empezó con Matador, cuando creó etiquetas con los artistas Sean Scully y Sol LeWitt.
Queríamos trabajar con una bodega española para producir una edición limitada para los suscriptores. Pagarían el vino, pero sería un vino exlusivo para ellos. Con cada número de Matador, siempre teníamos lo que llamábamos un “cuaderno de artista” en el que trabajábamos con un artista contemporáneo. Usaríamos una de las imágenes y llamaríamos al vino como el artista de ese número.
Le pedimos un vino a Jaime Rodríguez, el padre de Telmo, para el primer número. Cuando le pasó el proyecto a Telmo, dijo: “Quiero que el tipo de Matador me ayude a lanzar mi nuevo proyecto vinícola. Lo haremos con la condición de que el diseñador trabaje conmigo”.

Eso es una buena conexión entre diseño editorial y vino.
Exactamente. Y es diseño editorial, y el vino e s editorial, totalmente. Matador fue el principio de un gran proyecto cultural y artístico en España, con sede en Madrid, que se convirtió en PhotoEspaña, un festival de fotografía. De él han surgido muchos eventos; un curso en gestión artística; una tienda; un club de socios en Madrid; están implicados en el Madrid Design Festival. Matador fue la caja de resonancia, el trampolín, para todos estos proyectos culturales diferentes. También es una editorial. La Fábrica publica libros, sobre todo de fotografía.

¿Le ha tentado utilizar más fotografía en sus etiquetas de vino?
No me gusta la fotografía en las etiquetas. Casi nunca me ha funcionado, aunque he hecho una que me encanta, Valderiz. Me encanta la fotografía, pero en las etiquetas se me hace raro. Es demasiado. Si echa un vistazo a cualquier tienda de vinos actual, verá muchos rostros en las etiquetas. Si pones un rostro, vendes. Si te miran a los ojos, venderás más, como Vogue. En todas las revistas de moda hay rostros, ¿así que por qué no en el vino? Pero no suele ser mi manera de hacer.

El Prado

Hábleme del Prado y de su relación con las etiquetas.
El Prado es uno de los museos más increíbles del mundo. Siempre he trabajado con fotografía e ilustración, pero esto era trabajar con los grandes maestros del Arte con mayúsculas, lo que me llevó a un mundo que me encanta. Quería hacer era algo anónimo de calidad. Hacíamos cosas invisibles, así que actualizamos todo el museo sin que la gente lo notara.

¿Se propuso hacer algo nuevo?
Sí y no. Tenían como seis u ocho logotipos. Estaban anclados en un pasado muy académico. La tienda de regalos era horrible. Tardamos diez años en arreglarlo. Poco a poco tuvimos que convencerles de que el diseño tiene sus beneficios, porque al principio nos veían como superfluos. Nuestro enfoque era: “No, este folleto va a ser precioso. El texto se va a leer perfectamente. Todo va a encajar y va a salir de maravilla”.
Así que me sumergí por completo en el arte clásico. Es fantástico. Trabajas con imágenes, tienes un Tiziano o un Rafael o un Vermeer o lo que sea. Puedes hacer tanto con tan poco. Solo hay que usarlo con intención. La imagen te dirá qué hacer a partir de tu formato, y luego sigues desde de ahí. Cubrimos un edificio entero con un Tiziano; era una apuesta segura. Teníamos La bacanal de los andrios en fachada de un edificio del centro de Madrid. Era enorme. Debía de ser un edificio de unos ocho pisos y fue espectacular. Para mí, eso es diseño gráfico. Todo me llevaba al Prado. Todo se basa en las relaciones, en quedarse cerca de lo que te gusta y disfrutas.

Orgullosos de compartir

El estudio de diseño australiano Voice conoce bien el lenguaje y el valor del buen vino.

Por Kay Maxfield

El vino es un producto cultural. Tiene un valor en la mesa y refleja el tipode ocasión y su formalidad.

El estudio de diseño de Adelaide Voice entiende el poder de esta percepción y sabe lo difícil que es trabajar con una etiqueta de vino para captar la atención del consumidor, a través de su trabajo con algunos de los mejores viticultores del sur de Australia, la región vinícola más grande del país.

Hugh Hamilton Wines, Saint & Scholar y Tapi son algunos de los clientes “fundadores” del estudio. Hugh y Mary Hamilton venden cerca del 80 por ciento de sus vinos directamente a los consumidores, lo que ha proporcionado a Voice la oportunidad de relacionarse con los seguidores leales de la marca, con la libertad de crear lo que Scott Carslake (cofundador de Voice) llama “experiencias íntimas”. Esto ha incluido etiquetas frontales sin información ni tipografía de ningún tipo, una de las cuales es una hipnotizante trama geométrica de color plateado sobre negro.

Carslake explica:

“Fedrigoni hace un papel excelente para los proyectos en los que trabajamos. El tacto y el grosor de su papel es crucial al trabajar en etiquetas de alta gama. Ver el detalle y sentir la textura es esencial para la experiencia del consumidor.”

El vino ecológico Tapi, del enólogo Mark Kenneally, recibe su nombre de Tapuae-o-Uenuku, el pico más alto del nordeste

de la Isla Sur de Nueva Zelanda. La gama se vende exclusivamente por internet, lo que supuso un reto para Voice. “Tapi debía diferenciarse visualmente de manera clara del resto de vinos disponibles en la misma tienda online”, explica Carslake.

Llevar una botella de vino a una celebración refleja nuestra personalidad y cómo queremos que nos vean los demás

Scott Carslake

En la etiqueta de Tapi se ve una montaña multicolor, en la que cada vertiente luce un motivo diferente y donde las variedades de vino se distinguen por los diferentes tonos del cielo. Aunque los consumidores no pueden tocar la botella antes de comprarla, “el tacto es igual de importante, ya que la experiencia debe trasladarse del aspect en la pantalla a una etiqueta táctil en las manos del consumidor”, afirma Carslake.

Para Saint & Scholar, Voice eligió un enfoque diferente. Los elementos se inspiran en el arte de finales de la década de 1960 y principios de la de 1970 (cuando los enólogos alcanzaron la mayoría de edad), aunque Saint & Scholar pretende atraer a un consumidor milenial sofisticado.

Carslake afirma: “Llevar una botella de vino a una celebración refleja nuestra personalidad y cómo queremos que nos vean los demás. Sucede lo mismo en un restaurante con una botella de vino excelente con un diseño genial. Destaca, hablamos de él y nos sentimos orgullosos de compartirlo”.

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